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¿Me informo bien?
Por David Morales Alba
Octubre 22 de 2007
Bogotá, Comunicación Positiva.- Ajustando la metodología que utilizan los sistemas de mercadeo en pirámide, la Fundación Henry Ardila desarrolló una estrategia de promoción de la prueba del VIH en la ciudad de Bogotá, basada en los círculos de amigos cercanos.
Inicialmente se realizó una investigación previa para identificar las distintas barreras de acceso a los servicios de salud y luego se diseñó una estrategia de comunicación que tiene en cuenta las necesidades de información y los obstáculos encontrados para el acceso a la prueba. En el diseño de la estrategia se trabajó con los grupos de mujeres trabajadoras sexuales (MTS) y de hombres gay (HG) vinculados de manera voluntaria a la acción, con el fin de encontrar la mejor manera de presentar el mensaje en cada una de estas comunidades.
Bajo el título ¡Qué bien me siento! - para los grupos de MTS- y ¡Me veo bien, me siento bien! – para las sesiones con HG -, el desarrollo de la estrategia incluyó la producción de diferentes piezas comunicativas que promueven el acceso a los servicios de diagnóstico en las dos comunidades, con mensajes que responden a las necesidades de información de cada uno de estos auditorios: calendarios, folletos, portavasos y magnéticos para fijar en la nevera, son las piezas del paquete comunicativo de apoyo.
El desarrollo de la estrategia es apoyado por el Ministerio de la Protección Social y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) – Colombia.
Las barreras encontradas
Alfredo Mejía, quien coordina la experiencia, señala que se encontraron cuatro tipos de barrera: 1) el mismo sistema de salud; 2) las sociales, asociadas con estigma y discriminación; 3) las económicas, y; 4) las personales.
Explica Mejía que la estrategia apunta hacia las barreras de tipo personal, tales como la falta de información clara sobre el VIH, el miedo, el desconocimiento de los trámites y rutas a seguir para acceder a los servicios de salud, y no tener información precisa sobre sus derechos en cuanto al acceso a medicamentos.
Otra barrera personal es el miedo y tiene relación directa con la falta de información, pues aún se considera que el VIH es mortal. También existe el miedo al estigma y la discriminación, así como el miedo al sufrimiento de los seres queridos.
El desarrollo práctico de la estrategia se trabaja de manera separada con las trabajadoras sexuales y los hombres gay vinculados.
¡Que bien me siento!
De acuerdo con la normatividad vigente en la ciudad de Bogotá, para que una trabajadora sexual pueda ejercer, debe cumplir con 28 horas de capacitación en los Centros Operativos Locales.
Este proyecto, liderado por la Secretaría Distrital de Salud y que se conoce como “El Código de Policía”, reúne a las trabajadoras sexuales y allí se encontró el espacio apropiado para realizar el conversatorio con ellas.
Durante una sesión de dos o tres horas, se habla con 15 mujeres sobre la importancia del diagnóstico, quién lo ha hecho, quién no y cómo fue la experiencia, entre otros aspectos. En este contexto, es de gran impacto que alguna de las asistentes afirme haberse practicado la prueba.
Como mecanismo de evaluación, el conversatorio cuenta con dos cuestionarios cortos (uno de entrada y otro de salida) con indicadores puntuales que permiten medir qué aprendió y si sale con la intención de hacerse la prueba.
Debido a las condiciones de su trabajo el seguimiento posterior no es viable ya que no es factible volverlas a encontrar. Frente a esta circunstancia, se coordinó con dos servicios de salud para que ellas puedan realizarse la prueba allí a través del canje, sin costo alguno. Reciben un cupón que presentan para practicarse el examen. El centro de atención guarda el cupón y de esta manera se puede tener un contraste entre cuántas mujeres se abordan en los conversatorios y cuántas asisten a practicarse la prueba.
En el conversatorio ellas reciben los portavasos, los magnéticos, el cupón, un folleto informativo y un calendario que incluye en una de sus páginas un directorio sobre servicios de salud amigables para realizarse la prueba del VIH.
Los materiales de refuerzo se diseñaron con las mujeres para quienes el tema de las flores fue muy llamativo, pues manifestaron la intención de llevar este material a sus casas para que también sus hijos y otras personas puedan recibir esa información.
¡Me veo bien, me siento bien!
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Prueba rápida en
hombres gay
Una de las preguntas del cuestionario de salida en la sesión con hombres gay es ¿Qué fue lo que más le gustó?.
Estas son algunas de las opiniones captadas:
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La posibilidad de hablar del tema con el grupo de amigos y expresar los temores personales (33 años).
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El manejo del tema como algo cotidiano, con frescura, espontaneidad y sin sentido destructivo (27 años).
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La oportunidad de compartir mis experiencias y de aprender de las de los demás, así como recibir conocimientos de profesionales en el área (HG, 25 años).
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La conciencia que se hace en las personas de protegerse y tomarse la prueba (35 años).
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Es una oportunidad para dialogar entre amigos sobre el tema, ya que en el grupo nunca lo hacemos (43 años).
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La dinámica cercana, cálida e informativa que se utiliza (25 años).
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Para el trabajo con los grupos de HG, la actividad se lleva a casa del anfitrión, quien invita a sus amigos. De esta manera se involucra a la persona en la construcción social de la prevención con su red de amistades. En otras palabras, se convoca por medio de las redes de amistad.
A través de una conversación informal en la que participan máximo 15 personas, el grupo expresas sus inquietudes sobre el tema. Un facilitador motiva a los participantes a hablar sobre quién se ha hecho la prueba, quién no, por qué, cómo fue la experiencia.
Este diálogo informal abre el camino para abordar e informar a los participantes sobre el VIH, los beneficios de hacerse la prueba y otros temas relacionados con el acceso a los servicios de salud.
Aquí también se aplica tanto el cuestionario de entrada como el de salida, pues es la forma de evaluar la efectividad de la estrategia y su impacto en las personas frente a la prueba.
De otro lado, los participantes en el conversatorio reciben el paquete comunicativo que refuerza el mensaje.
Asimismo, ellos participan en la construcción de una red que cada dos meses recibe por correo electrónico un cuestionario donde se pregunta si ya se realizó la prueba y otros aspectos relacionados con la experiencia.
Además, las personas que se van vinculado periódicamente reciben un boletín electrónico que se ve enriquecido por la retroalimentación de los mismos destinatarios.
La persona interesada en llevar el conversatorio a su círculo de amigos, puede expresarlo durante la sesión y así se va replicando la información. Esto significa que la siguiente reunión se trabaja en cualquier lugar de la ciudad y la meta es tener una amplia cobertura.
Cuando el anfitrión no cuenta con un sitio para hacer la reunión la Fundación Henry Ardila ofrece sus instalaciones.
“La estrategia permite llegar a los hombres gay que no van a los sitios de socialización. (…). Estamos construyendo comunidad y queremos garantizar para este grupo por lo menos el boletín, que es lo más económico. Si no entran más recursos, la fundación puede garantizar la continuidad del boletín”, expresa Alfredo Mejía.
Finalmente señala que “la gente si es perceptiva y receptiva a hacerse la prueba del VIH, luego de tener la información”.
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